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jueves, 11 de abril de 2019

ANTONIO SOLER "Sur" (2018) Libro, Ed. Galaxia Gutenberg



Soler comienza el libro con una imagen impactante inicial, un hombre cercano a la muerte en un descampado, cubierto de hormigas depredadoras. Mas adelante, un narrador omnisciente nos desvelará su verdadero nombre y, progresivamente los posibles desencadenantes de su actual estado terminal.

Igualmente nos narrará episodios fragmentarios de una amplia galería de personajes de una ciudad costera española de 2016, donde todo apunta a Málaga. Pero lo narrado por Soler adquiere universalidad, al igual que ocurre en las grandes obras.

La obra transcurre en pleno agosto, en menos de un día, remitiendo al Ulises de Joyce, escritor muy querido por el autor; como también se hallan reminiscencias de La Señora Dalloway de Virginia Wolf. Ambos transcurren en una jornada y con los dos participa Sur de una estructura narrativa compleja similar, es decir, se produce una alternancia de escenas entre el pasado y el momento presente, simultaneando los personajes, en una técnica propia del cinematógrafo.

Cabe remarcar el tránsito del narrador en tercera persona a la inclusión en primera persona de los propios personajes con sus propios pensamientos y monólogos interiores que recuerdan a Faulkner.

La dificultad en Sur estriba en la multitud de voces que tienen cabida. Se nombran a más de doscientos personajes. Acertadísimo el censo de personajes que se incluye en la parte final del libro donde Soler dibuja un semblante de cada uno de ellos y añade algunos datos que no aparecen en la propia novela; hecho que nos facilita la lectura.

Es una obra donde Soler adecúa el estilo del lenguaje dependiendo de la clase social del sujeto. Los más humildes, como Chinarro: "—Aluego podemos papear algo ¿no Rai? Tengo gasusa", o del acomodado Cespedes: "...son el producto de una burguesía acumulada, amontonada durante generaciones, y mírate, ahí, despectiva, y sigues siendo perfecta en tu desprecio."

En los diálogos favorece el autor la agilidad al prescindir de signos de puntuación.


El autor se detiene en una serie de personajes más exhaustivamente, no importando su extracción social.
Sobresalen: el protagonista inicial, Dioni y su ambigüedad sexual; la doctora Galán en su soledad, en una familia resquebrajada, donde su adolescente hijo Guille no halla el rumbo de su vida. Las "fugas" de Cespedes en un matrimonio haciendo aguas. El atleta, dedicándose a la escritura de un diario, cuyos fragmentos, el autor nos intercala sucesivamente. No hay que olvidar que Soler en su juventud fue un atleta con progresión, pero debido a un accidente tuvo que abandonar. Cuenta el autor que algunos fragmentos del diario del atleta son de sus escritos de juventud.

A mí me emocionó el superviviente Eduardo Chinarro y su ingenuidad. Se dedica al cante con su inseparable compañero en la guitarra, Raimundo.

Destacan también, la enamoradiza Amelia, que a duras penas contiene a su desequilibrado hijo Ismael. Jorge su otro hijo también adquiere notoriedad. Pedroche, deseando escapar del matrimonio con la inestable Belita, ambos protagonizan una serie de episodios esperpénticos. Cuenta el autor que la anécdota protagonizada por Belita y Pedroche fue real, al igual que muchas vicisitudes que viven otros personajes.
Sería complejo seguir citando más personajes.

Hay que destacar un protagonista incorpóreo que impregna toda la novela: el terral, ligero viento de Poniente recalentado que en verano, como sucede en la obra, puede ocasionar alteraciónes en los estados emocionales de los sujetos.

Antonio Soler se alzó con el I Premio Juan Goytisolo, escritor que admiraba y, por ello, se presentó al Certamen. En el jurado se encontraba otro escritor del que Antonio se siente deudor: Luis Mateo Díez. Según escribo estos apuntes, conceden a Soler merecidamente el Premio Nacional de la Crítica. No es para menos, Antonio Soler ha escrito un libro de gran calado, difícil de superar.



Eduardo siempre está cantando Cantinero de Cuba de Manuel Pareja Obregón:

"Eduardo Chinarro vuelve a llamar golpeando la puerta del Monasterio de la Merced con la palma de la mano. Tiene la cara contraída, como si fuese a empezar a cantar. Hecha de caña y ron y agua marina, cantinero. No. Mejor lo que cantaba su madre, más dulce, sí, más suave y además mentando a Dios."

En el audio una versión, por Los Auténticos:



Editorial: Galaxia Gutemberg, edición 2018.
Fuente de Imagen de Antonio Soler: Propiedad de Montero Peláez / Galaxia Gutenberg

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