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viernes, 15 de febrero de 2019

ADAM ZAGAJEWSKI (W cudzym pięknie, 1998) Libro, "En La Belleza Ajena", Ed. Pre-Textos, 2017


Adam a base de fragmentos muestra parte de su autobiografía, de manera no lineal, alternando pasado y presente. Está escribiendo el libro desde París, donde vive en el momento de la escritura, concretamente en un gran edificio donde tiene que llevar auriculares para escuchar música o para aislarse de los ruidos en el bloque.

En Dos Ciudades (Ver Aquí), había trazado su vida en Gliwice hasta los dieciséis años. Aquí, en contadas ocasiones se retrotrae a su época inicial y muestra momentos de su vida a partir de su llegada a Cracovia con dieciocho años en 1963, a la calle Dluga; en un alojamiento pequeño propiedad de la señora Ch., dueña algo desagradable y su criada Helena, que también trabajaba en el servicio de desratización a hora temprana de la mañana. Ambas mujeres se enfrentaban continuamente. En este ambiente, Adam escapaba a las clases y a pasear para alejarse de su odio. Pronto se trasladará a otro piso, propiedad de un funcionario del juzgado, correcto y sencillo al que cuidaba su amable esposa a la que gustaba cocinar. 

Nos habla de su querida Cracovia, no bombardeada por los nazis, pues fue su centro de mando. Pero a su llegada se encontró una ciudad aletargada, como del s. XIX. en un otoño frío y lluvioso. Gracias a la influencia renacentista, la ciudad era bella, a pesar de mucho alcoholismo en las calles.

"Cracovia se despega de la gris dictadura del comunismo, tiempo atrás", nos cuenta el autor.

Comienza estudios de Psicología, pero desencantado se cambia a Filosofía. Tiene recuerdos para el profesor Leszczynski, siempre con el abrigo en invierno y verano, siempre triste; Adam lo respetaba. Habla del viejo profesor de filosofía, Roman Ingarden, lamenta el autor no haber asistido a sus clases mágicas y pedía detalles a alumnos a los que impartió clases el estimado profesor.

Consigue entrar como profesor Auxiliar del departamento de Ciencias Sociales. Impartirá clases de Filosofía, en teoría debía explicar la filosofía marxista, pero se dedicará a leer junto con los estudiantes a Platón, Descartes, Kant y Hegel

Gracias al filósofo y pianista Karol Tarnowski, pudo frecuentar el círculo de Tygodnik, donde había gente libre, tolerados a regañadientes por los comunistas. En la segunda mitad de los años setenta participa en una intensa actividad disidente. 

Nos cuenta la anécdota de su tía creyente Otta y su marido, profesor de filología clásica, agnóstico y anticlerical; vivían al lado de la iglesia de San Florián. A su tia le llamo la atención un joven vicario, culto y educado, y le invito a cenar y se hizo asiduo. Entablaba animadas conversaciones con el profesor. Su tía no podía entender como hablaba tanto con su marido no creyente; el joven era Karol Wojtyla.


Cita aforismos de literatos y pensadores, como Barrès:

"los gatos son como los dioses: aceptan las caricias, pero no las devuelven."

Y breves pinceladas propias:

"Cuidar del mundo: leer un poco, escuchar algo de música."

"En general, lo grande no puede ser expresado. En cambio lo pequeño sí: se puede intentar."

"Dios, oculto. La miseria, evidente."

Invita a pasear en la lluvia en París, por las calles que paseaba Celine, ver las vidrieras y viajar en tren a Chartres, Bourges, Vezelay, Borgoña.

La peor biblioteca, para él, es Beaubourg, en el Centro Pompidou en París:

"recuerda a una gigantesca sala de espera de una estación de tren"

Habla en torno a literatos como Bruno Schulz y su correspondencia con el profesor Szuman; de ciertas lecturas, principalmente le atrae el último Flaubert, donde elogia Bouvard y Pécuchet.

La poesía y la prosa se necesitan mutuamente, opina Adam; y prosigue:

"Días en que no logro escribir nada en absoluto -esos días quedarán para siempre mudos-. No podría entonces defender ni la poesía ni la prosa. El más sublime y regular trabajo del corazón."

Y continúa disertando en torno a la creación literaria, no sin cierta ironía:

"Quien escribe o intenta escribir, y organiza su día pensando en la tarea que le aguarda, tiene que habérselas con dos problemas fundamentales: el primero, cómo despertarse; y el segundo (si lo primero se logra), cómo dormirse."

En esencia, un libro inteligente que puede leerse a pequeños sorbos y dejar en la mesilla de noche para abrir en cualquier página; como libro de cabecera.


Como buen amante de la música, Adam nos habla de la asistencia a un concierto de un joven artista húngaro que toca el violín y la cítara:

"Ayer noche estuvimos escuchando -ya por segunda vez- a un excelente y jovencísimo violinista húngaro que toca una música que se halla en la frontera de la tradición gitana (el mismo es delgado y esbelto), de la música clásica y del jazz. Se llama Lajko Felix y domina el arte del violín de manera fenomenal, improvisa con una facilidad pasmosa, a veces con un ritmo y con una rapidez que cortan la respiración. Y, al mismo tiempo, no es un "virtuoso" que se sirva de su impecable técnica sólo para embriagar a los severos críticos musicales." 




"Ki vagy te", 2018

Lajkó Félix – Violín
Sidoo Attila – Guitarra

Y la escucha de los metales en el jazz:

"El jazz es la música de los metales. La trompeta de Clifford Brown o de Chet Baker, el saxofón de Charlie Parker o de Paul Desmond." 



"Autumn Leaves", 1974.

Chet Baker (Trumpet)
Paul Desmond (Alto Saxophone)
Bob James (Electric Piano)
Ron Carter (Contrabass)
Steve Gadd (Drums)

Editorial: Pre-Textos, edición 2017
Traducción: Ángel E. Díaz Pintado 
Fuente de Imagen: https://trianarts.com

Posted by Fernando Hernández

ADAM ZAGAJEWSKI (W cudzym pięknie, 1998) Libro, "En La Belleza Ajena", Ed. Pre-Textos, 2017

sábado, 2 de febrero de 2019

LUIS MATEO DÍEZ "Las Estaciones Provinciales" 1982 Libro, Ed. Alfaguara, 2006


La primera novela de Luis Mateo Díez (Villablino, León 1942) se desarrolla en el marco de los años cincuenta, en una ciudad de provincias no nombrada, si bien todo hace referencia a la ciudad de León, por nombres de calles y establecimientos que se citan. Puede extrapolarse a cualquier pequeña provincia española en aquel tiempo, en plena etapa franquista.

Un incendio tachado como fortuito según la versión oficial, ocurrido en un viejo caserón donde una docena de burros y un mendigo aparecen calcinados; da pie a la trama y consiguiente investigación periodística del narrador y protagonista Marcos Parra.

El título de la obra puede hacer referencia a la sección que escribe Marcos en el periódico católico El Vespertino. También a la sucesión de estaciones del tiempo, comenzando la narración en verano, pasando por el otoño y terminando en invierno. A los itinerarios de rondas de tapeo y chateo en los bares. Por último, a la estación de ferrocarril, medio principal de transporte en aquellos años, donde se acrecienta la sensación de soledad del periodista.

Mateo Díez, en tono realista, realiza un ejercicio de memoria al que vincula sus propios recuerdos de adolescencia, con una memoria histórica ficcional, creativa, literaria.

Conocemos el ambiente del periódico, los compañeros de Marcos: Benito Calamidades (apodado así por su infortunio), Afrodísio, el director en funciones; D. Baudilio, Rovira, Chumilla, Alipio el botones.


La profesión del periodismo la utiliza Luis Mateo para descubrirnos por medio del antihéroe Marcos, la diversidad de ambientes del ámbito urbano por multitud de calles, plazas, bares, tabernas, fondas y por el extrarradio marginal.

La libertad en el ejercicio periodístico del protagonista se ve coartada constantemente. Las mismas directrices que impone el mismo periódico, de ámbito católico. Censura eclesiástica, por tanto; también las injerencias por parte de cargos políticos y policiales donde se revela todo tipo de corrupción.
Parra afirma: "en el periódico decimos casi todos los días lo mismo".

Atmósferas cargadas, ambiente opresivo. La comida y bebida en exceso supone una vía de escape de la realidad. El humor, en ocasiones disparatado; suaviza las situaciones.

La cantidad de bares y cafés visitados es abrumadora: Isma, Victoria, Miche, Aparición, Astorgano, Nacional, Palomo, Gitana, Aperitivo, Bambú, Capitol, Dos de Mayo, Besugo, Benito, Minero, ... Asociado a ellos, las sensaciones olfativas de las frituras y de los churros.

El autor trata de adecuarse al léxico y costumbres de la época: usan "la Guzzi", como medio de transporte, fuman caldo y Peninsulares, lían cigarrillos; beben anís Las Cadenas y El Mono; emplean localismos como mancar o perigüela. En La Casa de Asturias, términos del bable como puertu, quiá, ye.

Hay empleo de refranes: “A la burra que pica el celo sólo el burro le quita el velo”; juegos de palabras: “Don Higinio Peralta o el nepotismo iletrado”; expresiones latinas jocosas: "Arpegui cum aqua bendita et vinum per la propia espita".

Predomina el lenguaje coloquial y los vulgarismos: "El año pasao cuando estuve en Roma,..." , "La mi Lola se fue ya va para seis años". Es una obra donde abundan los diálogos.

Hay un buen número de personajes con defectos físicos, muchos a raíz de la guerra. Éstos viven totalmente adaptados al medio, contrastando con la inadaptación del protagonista principal.

Destacan algunas situaciones esperpénticas, que remiten a Valle Inclán. En una cena que ofrece D. Paciano, los asistentes acaban por el suelo animalizados persiguiendo cada uno al cochinillo que van a comer. Terminan todos bebiendo champán de un barreño.

El pintoresquismo está presente en muchos personajes, el mendigo Cribas recordado por andar siempre con la lata de vino y los mendrugos de la mano. D. Baudilio en el periódico siempre se sienta haciendo una reverencia y de frente al retrato del fundador. Venceslao el cerillas, suele poner zancadillas a los parroquianos del bar. Pistolo, el vendedor de periódicos con su enorme chaqueta de pana y los desproporcionados pantalones. Pipe Bolas al que le gusta inventar historias y mentir más que habla.

En el ámbito amoroso los momentos de placidez de Parra son fugaces e incluso truncados por el exceso de moralidad existentes. Apenas tiene consuelo y las personas a las que quiere terminan yéndose.

A pesar del hastío de Marcos llegando a afirmar:

"Uno va cruzando la ciudad de norte a sur, de este a oeste y las huellas recientes cubren las anteriores porque, como las bandadas de grajos, es siempre el mismo vuelo repetido por los mismos lugares"

mantiene una relación de amor-odio con la ciudad de la que no puede escapar o prescindir:

"Vas viendo que, como ella, te quedas más solo que la una, en la intemperie de lo que son sus rincones, a los que amas tanto como aborreces, porque es dura y cruel y hermosa la condenada. Todo en la medida en que tú quieras comprenderla o rehusarla. Ese horadado navío de piedra vieja, tallada al pairo de los siglos como por un cincel de glorias y de miserias. Cascajal de recintos que hieden y perfuman, tan entrañables y tan siniestros."



Se escuchan pasodobles en las salas de fiestas y teatrillos. En el vídeo el pasodoble "En Er Mundo", obra de Juan Quintero Muñoz y Jesús Fernández Lorenzo. Dirección a cargo de Enrique García Asensio. Solistas: Saxo Alto: José Peñalver Martínez , Trompeta: Antonio Cambres Rodríguez

"Del teatrillo llegaba la música de la orquestina amagada por el ruido exterior, una erupción melódica con filigranas de pasodoble en la que la trompeta remataba un solo de esencias taurinas, y el saxofón parecía derretirse acompañando el sentimiento de la tonadillera Manolita de Palma."




Sello Editorial: Alfaguara, Edición 2006.
Fuente de Imagen de Luis Mateo Diez: Propiedad de JEOSM 

Posted by Fernando Hernández

LUIS MATEO DÍEZ "Las Estaciones Provinciales" 1982 Libro, Ed. Alfaguara, 2006