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sábado, 22 de septiembre de 2018

NATALIA GINZBURG (Lessico famigliare, 1963) Libro, "Léxico Familiar", Ed. Lumen, 2016


En el libro, Natalia plasma las memorias en torno a su vida alrededor de su familia, allegados y amigos; desde el punto de vista de su personal mirada.
De ella misma nos ofrece menos información, si bien muy apreciable para acercarnos a la autora, sus ideas y sentimientos.

Adquieren verdadero protagonismo en el libro sus padres y hermanos. La magnética figura de su padre de origen judío, científico y profesor, amante de la montaña; sobresale por encima del resto de personajes:

"Llamaba «palurdez» a cada acto o gesto nuestro que juzgaba fuera de tono. «¡No seáis palurdos! ¡No hagáis palurdeces!», nos gritaba continuamente. La gama de las palurdeces era muy amplia. Llamaba «palurdez» a ir con zapatos de ciudad a las excursiones al monte, a entablar conversación, en el tren o por la calle, con un compañero de viaje o con un transeúnte, a hablar con los vecinos desde la ventana, a quitarse los zapatos en el salón y calentarse los pies en el radiador, a quejarse de sed, de cansancio o de rozaduras en los pies durante las excursiones al monte y a llevar a ellas comidas grasientas y servilletas para limpiarse los dedos."

Nos sigue ofreciendo detalles de su padre Giuseppe:

"Mi padre admiraba y apreciaba el socialismo, Inglaterra, las novelas de Zola, la fundación Rockefeller, la montaña y los guías del valle de Aosta." 

"Mi padre dedicó toda su vida a la investigación científica, profesión que no le proporcionaba dinero." 

Su madre Lidia, de carácter optimista, es el pilar de la unión familiar, además de proteger en momentos difíciles a Natalia; aquí nos traza unas pinceladas de ella:

"Mi madre amaba el socialismo, la poesía de Paul Verlaine y la música, sobre todo Lohengrin, que nos solía cantar después de cenar." 

"Mi madre era milanesa, pero de origen triestino." 

Recuerda Ginzburg el placer de contar historias de su madre:

"A mi madre le alegraba contar historias, porque amaba el placer de narrar. Comenzaba a contar algo en la mesa dirigiéndose a uno de nosotros, y tanto si contaba algo de la familia de mi padre como de la suya, ponía mucha pasión y siempre era como si relatase aquella historia por vez primera a oyentes que no la conocían."

Natalia Ginzburg


Nos cuenta en torno a los hermanos. En el momento de escribir el libro, viven alejados unos de otros, pero les unen recuerdos comunes; plasmados en frases recurrentes del pasado:

"Somos cinco hermanos. Vivimos en distintas ciudades y algunos en el extranjero, pero no solemos escribirnos. Cuando nos vemos, podemos estar indiferentes o distraídos los unos de los otros, pero basta que uno de nosotros diga una palabra, una frase, una de aquellas antiguas frases que hemos oído y repetido infinidad de veces en nuestra infancia, nos basta con decir: «No hemos venido a Bérgamo a hacer campamento» o «¿A qué apesta el ácido sulfhídrico?», para volver a recuperar de pronto nuestra antigua relación y nuestra infancia y juventud, unidas indisolublemente a aquellas frases, a aquellas palabras." 

De ahí viene el título de la obra, un "léxico familiar"; común a la unidad de la familia:

"Esas frases son la base de nuestra unidad familiar, que subsistirá mientras permanezcamos en el mundo, recreándose y resucitando en los puntos más diversos de la tierra." 

Vivía con ellos la criada Natalina:

"Natalina trataba a mi madre de una forma áspera, sarcástica y nada servil. Pero, sin embargo, las dos se querían tiernamente."

Recuerda las peleas de sus hermanos Mario, el mayor y Alberto; y la intervención violenta de su padre:

"Alberto y Mario ya eran dos chicos mayores y fortísimos que, cuando se peleaban a puñetazos, se hacían daño y acababan con las narices sangrando, los labios hinchados y la ropa rota. «¡Se están matando! —gritaba mi madre—. ¡Beppino, ven, se están matando!», gritaba, llamando a mi padre. La intervención de mi padre era tan violenta como todos sus actos. Se arrojaba en medio de aquellos dos que, agarrados, se pegaban, y les abofeteaba. Yo era pequeña, y recuerdo con terror a aquellos tres hombres luchando salvajemente. Los motivos por los que Alberto y Mario se pegaban eran insignificantes (lo mismo que los motivos por los que explotaban las cóleras de mi padre)" 

El hijo predilecto de su padre, era su hermano Gino; cuenta Natalia:

"Mi hermano Gino era su predilecto, pues le daba gusto en todo: le interesaba la historia natural, coleccionaba insectos, cristales y minerales, y además, era muy estudioso. Más tarde se matriculó en ingeniería, y cuando volvía a casa después de algún examen diciendo que había sacado un diez, mi padre le preguntaba: «¿Cómo es que has sacado un diez? ¿Cómo no has sacado diez y matrícula de honor?»." 

Su hermana Paola se casa con el amigo de su hermano Gino, Adriano Olivetti (Su padre era el dueño de la fábrica de máquinas Olivetti ); sus padres al igual que su hijo, eran modestos, no hacían ostentación alguna.
Se hicieron muy amigos de sus padres y dieron trabajo a Gino.
Dado su origen judío, por las leyes raciales tuvo que dejar la presidencia de la fábrica en 1938 en manos de su hijo Adriano; gracias a que la madre era cristiana y su conversión al catolicismo para poder conservarla.
Durante la ocupación alemana, apoyaron al "Comité de Liberación Nacional" y a la Resistencia. Oculto en una casa de campesinos, Camilo Olivetti fallece en 1943.

Duros tiempos de fascismo y guerra. Los hermanos estaban muy comprometidos. Mario fue apresado, pero pudo escapar a Suiza y posteriormente a Francia.
Su padre, por su origen judío, perdió la cátedra. Lo invitaron a dar clases en Lieja y allí permaneció dos años.

Los momentos más dolorosos se producen en las tristes circunstancias que acontecieron al intelectual Leone Ginzburg; con el que casó Natalia. Nacido en Rusia en una familia judía, se trasladó a Turín a temprana edad.
Posteriormente en el excelente libro: "Pequeñas Virtudes", en el ensayo sobre los Abruzzos, hablará en torno a su estancia allí; en su confinamiento al que se vieron obligados por Mussolini.

Natalia y Leone Ginzburg


Aquí también nos relata los tristes acontecimientos:

"Cuando nació mi hija Alessandra, mi madre se quedó bastante tiempo con nosotros. No le apetecía marcharse. Era el verano del 43. Se confiaba en un próximo final de la guerra. Fue una temporada serena, y también los últimos meses que Leone y yo pasamos juntos. Al final mi madre se marchó, y fui a acompañarla hasta Aquila, y mientras esperábamos el autobús en la plaza tuve la sensación de estar preparándome para una larga separación. Tenía la confusa sensación de que nunca más la volvería a ver." 

Y prosigue:

"Luego llegó el armisticio: la breve exaltación y el delirio del armisticio. Y a continuación, dos días después, los alemanes. Por la carretera corrían camiones alemanes, y las colinas y el pueblo estaban llenos de soldados. Había soldados en el hotel, en la terraza, bajo la parra y en la cocina." "Me marché del pueblo el 1 de noviembre. Había recibido una carta de Leone —traída en mano por una persona que vino de Roma—, en la cual me decía que abandonara el pueblo inmediatamente, porque allí era difícil esconderse y los alemanes nos identificarían y nos llevarían a otra parte."

Para concluir:

"Al llegar a Roma respiré, y pensé que comenzaría una época feliz para nosotros. No tenía motivos para pensarlo, pero lo hice. Teníamos un alojamiento en los alrededores de la plaza Bologna. Leone dirigía un periódico clandestino y estaba siempre fuera de casa. Lo detuvieron a los veinte días de nuestra llegada y no lo vi nunca más."

Comenzó a trabajar en la editorial Einaudi, de la que era cofundador su marido. Allí trabajaban Balbo, que acabó siendo su mejor amigo y Cesare Pavese, al que dedica otro emotivo ensayo en "Pequeñas Virtudes".

Natalia Ginzburg con el editor Giulio Einaudi


Aquí en diferentes momentos nos habla de Pavese. En su muerte, relata:

"Pavese se suicidó un verano, cuando ninguno de nosotros estaba en Turín. Había preparado y calculado las circunstancias de su muerte como alguien que prepara y dispone el transcurso de un paseo o de una velada. No le gustaba que hubiera nada imprevisto o casual en sus paseos y en sus veladas." 

"Había hablado durante años de suicidarse. Jamás le creyó nadie. Cuando los alemanes invadieron Francia y venía a vernos a Leone y a mí comiendo cerezas, ya hablaba de ello. Pero no por Francia, no por los alemanes, no por la guerra que avanzaba hacia Italia. La guerra le producía miedo, pero no lo bastante como para suicidarse por su causa. Sin embargo siguió temiéndola incluso cuando ya hacía tiempo que había finalizado, lo mismo que todos nosotros."

Y finaliza con estas demoledoras palabras:

"En el fondo no tenía ninguna causa real para suicidarse. Pero compuso varios motivos y calculó su suma con una precisión fulminante, y los volvió a componer y volvió a ver, asintiendo con su sonrisa maligna, que el resultado era idéntico y por lo tanto exacto. Pensó incluso más allá de su vida, en nuestros días futuros, consideró cómo se comportaría la gente ante sus libros y su memoria. Observó más allá de la muerte, como los que aman la vida y no saben separarse de ella y que, aun pensando en la muerte, van imaginando no la muerte, sino la vida. Sin embargo él no amaba la vida, y aquel mirar suyo más allá de su propia muerte no era amor por la vida, sino un preparado cálculo de circunstancias, para que nada, ni siquiera después de muerto, pudiese cogerlo por sorpresa." 

Natalia, se vuelve a casar; nos relata:

"Yo vivía aún en Turín, pero iba a Roma con frecuencia y me disponía a vivir allí definitivamente. Me había vuelto a casar y mi marido daba clases en Roma. Buscábamos una casa; dentro de poco llevaría a los niños y nos instalaríamos en Roma para siempre."

La obra ofrece mucho más. Al principio del libro, nos anima a leerlo como si de una novela se tratase. Está escrito con la inteligencia y agilidad narrativa característica de Natalia Ginzburg; con muchos puntos en común con el imprescindible libro de ensayos: "Pequeñas Virtudes", editado por Acantilado.

Natalia manifiesta no entender la música, a pesar de que a su madre gustaba mucho; los llevaba a conciertos y cantaba en casa tanto piezas populares, como fragmentos de ópera:

"Cuando mi madre cantaba, todos la escuchábamos con la boca abierta. Una vez alguien preguntó a Gino si conocía las obras de Wagner. «Sí, naturalmente —dijo—, el Lohengrin se lo he oído cantar a mi madre.»



Richard Wagner: Lohengrin - Vorspiel 3. Akt und "Wedding March"
Hungarian National Philharmonic Orchestra and Choir, conducted by Janos Kovacs in Palace of Arts Budapest

Fuentes de imágenes:
https://www.latercera.com/cultura https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Natalia_and_Leone_Ginzburg.gif
https://tessere.org/2018/03/01/mistero-del-rifiuto-primo-levi-nella-storia-nat/

Posted by Fernando Hernández

NATALIA GINZBURG (Lessico famigliare, 1963) Libro, "Léxico Familiar", Ed. Lumen, 2016

miércoles, 19 de septiembre de 2018

SLEEPY JOHN ESTES "Drop Down Mama" (1929-1941) Lp & Digital Compilation Night Records, 2018





El sello francés Night Records, está recuperando una serie de artistas legendarios primigenios de blues: Bessie Smith, Charley Patton, Robert Johnson, Kokomo Arnold …; o el presente disco de Sleepy John Estes. Al cuidado en la edición hay que destacar las maravillosas portadas a cargo de Jean-Luc Navette.

Unas pinceladas de la azarosa biografía del genial intérprete:

Nació en el final del siglo XIX, en 1899 concretamente; en Ripley (Tennessee).

Aprendió de pequeño a tocar la guitarra, con un instrumento casero que le había fabricado su padre.

En 1914, perdió el ojo derecho; de ahí viene su apodo: "Sleepy", pues le daba un aspecto "somnoliento"

Comienza a tutelar a un muchacho huérfano de padre, llamado Hammie Nixon; por petición expresa de la madre del chico. A partir de ese momento lo enseñará musicalmente los fundamentos del blues y llevará con él en sus actuaciones de acompañante; dada su habilidad tocando la armónica. Hammie se convertirá con el tiempo en su yerno, además de un fiel compañero hasta su fallecimiento. El dúo que formaron con voz, guitarra y armónica; se conoció con el estilo de "Blues de Brownsville", ciudad en la que tocaban. 

Con la "Gran Depresión" de 1929, tuvieron que trasladarse a Chicago y allí actuaron y grabaron los temas que presenta este recopilatorio, entre 1929 y 1941; manteniendo su estilo. 

Alrededor de 1949, perdió la visión total, teniendo que sobrevivir en pésimas condiciones en una cabaña de mala muerte, carente de agua y electricidad; cerca de Memphis

Afortunadamente, el gran intérprete Big Joe Williams, expuso la delicada situación de "Sleepy" al productor Bob Koester, que indignado lo rescató inmediatamente; consiguiéndo una serie de conciertos y grabaciones para él y su acompañante.

Con el dinero de las actuaciones, discos y derechos de sus canciones compró una casa, no muy convencido; en Brownsville. Pasaba pocas horas en ella, prefiriendo la desvencijada cabaña de tiempo atrás. En el duro invierno de 1977, apareció muerto tirado en el interior.

Hammie Nixon (izquierda) y Sleepy John Estes (derecha)


Musicians:

Sleepy John Estes (Vocal, Guitar)
Hammie Nixon (Harmonica, Tracks 1, 2, 4, 5, 6, 7, 10, 11, 14)
Charlie Pickett (Guitar, Tracks 6, 11, 14)
Lee Brown (kazoo, Tracks 6, 14)
Son Bonds (Guitar, Tracks 8, 12, 13)
Raymond Thomas (Imitation Bass, Tracks 8, 12, 13)
Jab Jones (Piano, Tracks 3, 9)
James Rachell (Mandolin, Tracks 3, 9)

Fuente de Imagen de Sleepy John Estes y Hammie Nixon, propiedad de Delmark Records.

Posted by Fernando Hernández

SLEEPY JOHN ESTES "Drop Down Mama" (1929-1941) Lp & Digital Compilation Night Records, 2018

domingo, 16 de septiembre de 2018

PERTH COUNTY CONSPIRACY "The Perth County Conspiracy" 1970, Reissue CBC Radio Canada, Majik Bus Entertainment Inc., 2018




Grupo fundado en 1969 en Ontario, Canadá; por los cantautores y guitarristas Richard Keelan (anteriormente en la banda americana The Spike Drivers), y Cedric Smith. Disco grabado en 1970, de mismo nombre que el grupo; se ha reeditado recientemente.

Una joya de folk ácido atemporal, con semejanzas a los legendarios Pearls Before Swine o el gran cantautor Nick Drake.

Incluye canciones propias y algunas versiones, como "Hurdy-Gurdy Man" de Donovan, "If You Can Want" de Smokey Robinson o la canción de Bob Dylan que cierra el disco "I Shall Be Released".

Cedric Smith y Richard Keelan


Musicians:

Cedric Smith (vocals, guitar)
Richard Keelan (guitar, vocals)
Michael Butler (bass)
Terry Jones (guitar, vocals)
George Taros (piano, vocals)
Con Ayuda de Amigos en otros instrumentos y percusiones.

Fuente de Imagen: http://lehibou.ca/perth-county-conspiracy


Posted by Fernando Hernández

PERTH COUNTY CONSPIRACY "The Perth County Conspiracy" 1970, Reissue CBC Radio Canada, Majik Bus Entertainment Inc., 2018

viernes, 14 de septiembre de 2018

ATHANOR "Hills Of The Universe" Compilation Digital 2015-2017, Herriges-Vittenson, 2018





Recopilatorio del grupo de Chicago: Athanor. Compuesto fundamentalmente por los veteranos Greg Herriges y Rick Vittenson.

Con ayuda ocasional de amigos músicos de sesión, se autoproducen un disco con canciones compuestas y algunas lanzadas en singles; entre 2015 y 2017.

Entusiastas de la música de The Beatles, The Beach Boys, The Hollies y grupos primerizos de powerpop, como Badfinger y The Only Ones.

Greg Herriges y Rick Vittenson 


Musicians:

Greg Herriges: Vocals, 6 and 12 string acoustic and electric guitars.
Rick Vittenson: Vocals, keyboards, 6 and 12 string acoustic and electric guitars, strings, tambourine.
Chris Drehobl: Drums.
John Belbpedio: Bass.
Jeff Murphy (of Shoes) background vocal on “Autumn Slipping Away.”
Harry Reinhart: Lead guitar on “Now I Know” and “Rock and Roll City.”
Quent Lang: Saxophone on “Now I Know,” “Hills of the Universe”. Flutes on “Autumn Slipping Away.”
Brian Cremins: Lead guitar on “The Love in Your Eyes.”
John Towner: Engineer, strings.

Fuente de Imagen: https://www.facebook.com/athanormusic

Posted by Fernando Hernández

ATHANOR "Hills Of The Universe" Compilation Digital 2015-2017, Herriges-Vittenson, 2018

miércoles, 12 de septiembre de 2018

SIMON LEYS (Le Bonheur Des Petits Poisons, 2008) Libro, "La Felicidad De Los Pececillos: Cartas Desde Las Antípodas", Ed. Acantilado, 2011


En "La Felicidad de los pececillos", Simon Leys, pseudónimo del escritor belga Pierre Ryckmans; plantea una serie de ensayos con reflexiones y citas de diversos autores en torno a diferentes temas; preferentemente dentro del ámbito literario, filosófico y artístico.

Simon habla en torno a la distinta manera de ver las lecturas, las obras artísticas, la vida; entre la adolescencia y la madurez:

"De adolescentes, nos quedamos prendados desordenadamente de obras maestras y de falsos valores. Con los años, se hace una selección, y se descubren paulatinamente las maravillas más profundas y más secretas que primeramente se habían ignorado." 

En un ensayo recrimina sobre el traslado continuo de cuadros de Museos a exposiciones. Le ha ocurrido ir a algún Museo para observar un cuadro determinado y ver que queda el hueco por su traslado a alguna exposición.
Nos cuenta de Leonardo Da Vinci, cuando trabajaba en "La Última cena" ; el prior de Santa Maria Delle Grazzie, pide al duque de Sforza que apremie al artista, ya que se toma su tiempo en la realización de la obra y Da Vinci sabiamente responde:

 "«A menudo los hombres de genio hacen mucho más cuanto menos actúan, pues tienen que meditar acerca de sus invenciones y madurar en su espíritu las ideas perfectas que expresarán posteriormente reproduciéndolas con sus manos»."

Los ensayos se suceden sobre literatos: Evelyn Waugh y la excelente adaptación televisiva de "Retorno a Brideshead" que está viendo en Dvd. En torno A Rilke, a Patrick O'Brian, del que cuenta que nunca ha navegado, a pesar de tanto escrito en torno a temas marineros. Chejov y los cuentos o Somerset Maugham.
La preparación sobre un ensayo en torno a Conrad, del que nos aporta ciertas claves.
El bloqueo del escritor, nombra el caso de Hemingway, que acabó suicidándose ante su incapacidad creadora.
De los géneros literarios expone:

"Las distinciones de géneros —novelas e historia, prosa y poesía, ficción y ensayo— son convencionales y no existen más que para la comodidad de los bibliotecarios. Los novelistas son los historiadores del presente, los historiadores son los novelistas del pasado, y todo escrito que presente cierta calidad literaria aspira esencialmente a ser poema.

Simon Leys


Interesante es lo que nos cuenta del filósofo Schopenhauer, que pedía no perder tiempo en lecturas prescindibles:

"«El arte de no leer es muy importante. Éste consiste en no interesarse en todo cuanto llama la atención del gran público en un momento dado. Cuando todo el mundo habla de cierta obra, recordad que todo aquel que escribe para los imbéciles no dejará de tener nunca lectores. Para leer buenos libros, la condición previa es no perder el tiempo en leer cosas malas, pues la vida es corta»." 

En el ensayo "El Imperio de lo feo", habla del respeto a la naturaleza de culturas ancestrales: cómo los indios de la costa del Pacífico y los maoríes de Nueva Zelanda, piden perdón al árbol que cortan para fabricar la piragua; en una ceremonia. En cambio en nuestra cultura, supuestamente más culta; su vecino corta un árbol que da sombra y cobija las aves, sin remordimiento alguno.

Hay ensayos sobre el tabaco, la cultura China, o lo que poseemos: le han robado pertenencias queridas y reflexiona que sólo deberíamos poseer con despreocupación lo que tenemos.

Aforismos, como los irónicos:

"FE La gente que va a rezar para propiciar la lluvia raramente se provee de impermeables." 

"LAS MÁS ALTAS INTELIGENCIAS no dicen menos tonterías que el común de los mortales; simplemente, lo hacen con más autoridad." 

Volviendo nuevamente al jugoso ensayo "El Imperio de lo feo", surge en la radio del Café, la música de Mozart:

  "Estaba escribiendo en un café; como a muchos perezosos, me gusta sentir la animación en torno a mí cuando se supone que trabajo, lo que me produce una ilusión de actividad. Por eso el ruido de las conversaciones no me molestaba, ni siquiera la radio que bramaba en un rincón; había vomitado ininterrumpidamente durante toda la mañana melodías de moda, cotizaciones de Bolsa, música de fondo, resultados deportivos, una charla sobre la fiebre aftosa de los bovinos, de nuevo melodías, y todo ese batiburrillo auditivo manaba como agua caliente que se escapa de un grifo mal cerrado. ¡De pronto, milagro! Por una razón inexplicable, esta vulgar rutina radiofónica dio paso sin solución de continuidad a una música sublime: los primeros compases del quinteto para clarinete de Mozart se enseñorearon de nuestro pequeño espacio con serena autoridad, transformando ese café en una antesala del Paraíso. Pero no se puede decir que los otros clientes, ocupados hasta ese momento en charlar, jugar a las cartas o leer la prensa, fuesen sordos: al oír aquellos acentos celestiales, se miraron estupefactos. Pero su desazón no duró más de unos segundos: para alivio de todos, se levantó resueltamente uno de ellos, fue a girar el mando de la radio y cambió de emisora, restableciendo así una oleada de ruido más familiar y tranquilizador, que cada uno pudo ignorar de nuevo tranquilamente.

   En ese momento se me impuso una evidencia que no me ha abandonado jamás desde entonces: los verdaderos filisteos no son una gente incapaz de reconocer la belleza, pues claro que la reconocen y muy bien, la detectan al instante, y con un olfato tan infalible como el del esteta más sutil, pero es para poder caer inmediatamente sobre ella con el fin de ahogarla antes de que pueda entrar en su universal imperio de la fealdad. Pues la ignorancia, el oscurantismo, el mal gusto o la estupidez no son fruto de simples carencias, sino de otras tantas fuerzas activas, que se afirman furiosamente a la menor oportunidad, y no toleran ninguna excepción a su tiranía. El talento inspirado siempre es un insulto a la mediocridad. Y si esto es cierto en el orden estético, aún lo es más en el moral. Más que la belleza artística, la belleza moral parece tener el don de exasperar a nuestra triste especie. La necesidad de rebajarlo todo a nuestro miserable nivel, de mancillar, burlarse y degradar todo cuanto nos domina por su esplendor es probablemente uno de los rasgos más desoladores de la naturaleza humana." 



Mozart "Quinteto para clarinete, 581" 

Annelien van Wauwe, clarinete
Boris Brovstyn, violín
Nikita Boriso-Glebsky, violín
Lise Berthaud, viola
Maximilian Hornung, chelo

Fuente de Imagen: https://www.lexpress.fr/culture/livre/

Posted by Fernando Hernández

SIMON LEYS (Le Bonheur Des Petits Poisons, 2008) Libro, "La Felicidad De Los Pececillos: Cartas Desde Las Antípodas", Ed. Acantilado, 2011

miércoles, 5 de septiembre de 2018

TENDERLONIOUS featuring THE 22ARCHESTRA "The Shakedown" Lp, 22a Records, 2018





Tenderlonious

The 22Archestra




Ed 'Tenderlonious' Cawthorne; Flute & Synthesisers
Hamish Balfour; Keys
Fergus Ireland; Bass
Yussef Dayes; Drums
Jeen Bassa; Percussion
Reggie Omas; Percussion
Konrad; Percussion

Posted by Fernando Hernández

TENDERLONIOUS featuring THE 22ARCHESTRA "The Shakedown" Lp, 22a Records, 2018